martes, 30 de junio de 2020

Gestión de la Seguridad Ciudadana en América Latina y el Caribe.



La seguridad ciudadana se define como: 


“La seguridad ciudadana es un concepto que trata de restituir un lugar central a la ciudadanía, entendida ésta como sujeto histórico sobre el cual debe recaer la acción del Estado. En este caso, y de acuerdo a los esfuerzos analíticos que se han realizado con gran intensidad desde comienzos de la década de los noventas, la ciudadanía así considerada transciende la concepción jurídica y se ubica en el plano político-social. De ahí que al hablar de seguridad ciudadana hablemos de la seguridad de todos y, particularmente, de la obligación estatal de garantizarla.” (Serbin, Sojo, y Salomón, 2001, p.27-28 citado en Solís, 2015) 

América Latina, es una región azotada por problemas de violencia estructural, la pobreza en la que se vive debido al alto endeudamiento de los gobiernos, hace que los programas de seguridad social deban esperar en un segundo plano. 

El acelerado crecimiento de la población y la desigualdad social presente en los países latinoamericanos, provoca que los delitos vayan en aumento, tanto el crimen nacional, como los son robos, homicidios y asaltos, como el crimen trasnacional, tráfico de personas o el narcotráfico. 

Al mismo tiempo, la inseguridad en las grandes urbes presenta un origen multicausal, en el que no solo la desigualdad social es factor protagónico, sino también el crecimiento y el deterioro urbano que, al combinarse con el debilitamiento del Estado, contribuye al aumento del delito (Moreno, 2012). Resulta importante, en consecuencia, articular el concepto tradicional de seguridad nacional con nuevas nociones, para poder generar un panorama más integral que responda a los desafíos de las ciudades, en las cuales se concentra la mayoría de fenómenos delictivos (Reyes, 2015 citado en (Paez, Peón, & Ramirez, 2018) 


Es evidente que la multicausalidad de la inseguridad ciudadana, les juega a los estados en contra cuando se trata de ponerle una solución, o en su defecto de disminuir la inseguridad, cada país de la región posee sus leyes y medidas para este fin, que han sido solo para palear la creciente inseguridad, contando con ayuda internacional como por ejemplo el Banco Interamericano de Desarrollo. 

Con eso en mente, la apuesta de apoyo de BID se ha centrado de manera especial en dos áreas que creemos son los ingredientes fundamentales para una seguridad sostenible en el tiempo. La primera es prevenir el crimen y la violencia en zonas de riesgo y aquella que impacta a las poblaciones vulnerables como mujeres y jóvenes. La segunda consiste trabajar para mejorar las instituciones encargadas de combatir y prevenir el crimen. (Alvarado, 2019) 

Si bien es cierto, muchas de las estrategias puestas en práctica en la región ha fracasado, algunos países han triunfado con las mismas, y han salido adelante, disminuyendo los homicidios en países como Colombia y Honduras. 

Ahora bien, no todo el panorama es oscuro. América Latina y el Caribe también tienen historias de éxito que nos llenan de optimismo. Bogotá logró este año la tasa de homicidios a la cifra más baja de los últimos 40 años, y Honduras la redujo en un 50% en los últimos cinco años. Y como estos ejemplos, tenemos otros más. (Alvarado, 2019) 





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